
Cuando el silencio habla: el mundo secreto de los radioaficionados
Lucio Porté

Hay un lenguaje que no necesita voz. Solo el tiempo: un instante breve es un punto, uno más largo es una raya. Así, con esa economía de señales, millones de personas alrededor del mundo se comunican desde hace más de un siglo sin pasar por ninguna red social, sin servidores en la nube, sin intermediarios. Son los radioaficionados, y Guillermo Vahnovan es uno de ellos.
"La definición es simple: una persona con interés por la radiotecnia, de forma individual y sin fines de lucro", explica Vahnovan. El estado —a través de ENACOM— cede una porción del espectro radioeléctrico para que estos operadores puedan experimentar, comunicarse y aprender. Lo que parece una definición burocrática esconde, en realidad, una comunidad apasionada que va de médicos a abogados, de electrónicos aficionados a ingenieros de carrera.
"Cuando todo falla —la telefonía, el internet, la electricidad— lo que queda son los radioaficionados. Somos la última reserva."
El examen, la licencia y la antena en el techo
Iniciarse en la radioafición tiene un camino claro: acercarse a alguno de los radioclubes de la zona —en La Plata están el Radioclub La Plata y el Radio Club Citybell—, completar un curso de capacitación y rendir un examen ante ENACOM. Una vez aprobado, el operador recibe su señal distintiva y la autorización para instalar una estación radioeléctrica en su propiedad. "En tu propiedad podés instalar todas las antenas que quieras", dice Vahnovan con una sonrisa.
El código Morse, ese lenguaje de puntos y rayas inmortalizado por el cine y los telegramas, fue obligatorio hasta la primera década de 2000. Hoy es optativo, pero quienes lo eligen pueden compensar con él otros requisitos técnicos. "Requiere menos infraestructura que cualquier otra forma de comunicación: un transmisor que se prende y se apaga es todo lo que necesitás", señala el radioaficionado.
La Luna como repetidora
Si hay algo que diferencia a la radioafición de cualquier aplicación de mensajería es la épica que la rodea. Una de las actividades más desafiantes se llama "rebote lunar" (EME, por sus siglas en inglés): se emite una señal hacia la Luna, rebota en su superficie y vuelve a la Tierra para ser captada por otra estación. La fracción de energía que regresa es ínfima, pero suficiente. Radioaficionados de La Plata, junto a científicos del INVAP, siguieron de esta manera la misión Artemis en tiempo real.
"Es una porción muy pequeña de energía la que rebota en la superficie de la luna, pero uno trata de recibirla y así se establece la comunicación", cuenta Vahnovan. La complejidad es considerable: además del equipamiento especializado, hay que lidiar con el movimiento de la Luna, el efecto Doppler y ventanas de tiempo muy estrechas.
La figurita más difícil del álbum
Entre los radioaficionados existe una tradición que mezcla lo filatélico con lo deportivo: las tarjetas QSL. Cada vez que se establece un contacto efectivo con otro operador —especialmente el primero—, se intercambian estas tarjetas como confirmación. Son el equivalente analógico de un "tilde azul" del WhatsApp, pero con mucho más peso simbólico.
La rareza del contacto es lo que le da valor. Hay países o islas con poquísima actividad de radioaficionados, y cuando un grupo se anima a viajar y "activar" ese territorio, cientos de operadores de todo el mundo compiten por conectarse. "Hay que disputar el espacio con miles de radioaficionados que quieren lo mismo", explica Vahnovan. Su figurita difícil es Corea del Norte: "Hay radioaficionados allá, pero no pueden hacer radio. Es uno de los pocos países donde eso no está permitido".
"Las nuevas tecnologías nos vinieron bárbaro. No compiten con la radioafición: la depuraron. Ahora llega el que genuinamente quiere experimentar."
WhatsApp no reemplaza, pero sí convive
Podría pensarse que en la era de la hipercomunicación la radioafición es un anacronismo pintoresco. Vahnovan no lo cree así, y da dos razones contundentes. La primera es estructural: las redes de telecomunicaciones modernas no están diseñadas para soportar emergencias totales. En Villa Garibaldi, donde vive, la señal celular desaparece a los 45 minutos de un corte de luz. "Y eso es un plazo cortísimo en una catástrofe", dice. Los radioaficionados, con sus equipos de campaña, baterías cargadas y camionetas preparadas, son en esos casos la única reserva de comunicaciones disponible. ENACOM ya los convocó ante las inundaciones de Bahía Blanca y los incendios de la Patagonia.
La segunda razón es más sutil: las nuevas tecnologías filtraron a los usuarios circunstanciales —los que antes necesitaban la radio para hablar con un hijo en la universidad o con un campo remoto— y dejaron en la actividad a los verdaderos entusiastas. "En proporción, hay más radioaficionados interesados en la experimentación que en la década del 60", afirma. El hobby se redujo en número absoluto, pero ganó en intensidad y vocación.
Al final de la charla, Vahnovan deja una imagen que resume todo: la de los telegrafistas del correo, esos profesionales que a fuerza de práctica dejaban de escuchar letras sueltas para escuchar palabras enteras, frases completas. El código Morse se convertía en lenguaje. "Llegás a un punto en que no decodificás letra por letra. Escuchás la oración entera. Es como hablar." Y en ese momento, el silencio —ese silencio lleno de puntos y rayas— se vuelve la forma más elocuente de comunicación posible.
Información clave para vecinos (FAQ)
¿Cómo puedo iniciarme como radioaficionado en la zona? Los vecinos interesados deben acercarse al Radio Club La Plata o al Radio Club City Bell para realizar un curso de capacitación. Tras aprobar un examen sobre reglamentación y técnica, el ENACOM otorga la autorización para instalar una estación propia.
¿Qué utilidad tiene esta actividad en casos de emergencia local? Cuando fallan internet y la telefonía celular, los radioaficionados pueden establecer redes de comunicación autónomas mediante equipos de campaña y baterías, colaborando con Defensa Civil en la transmisión de mensajes críticos.
¿Es obligatorio saber código Morse para obtener la licencia? Actualmente, el código Morse ya no es un requisito obligatorio para todas las categorías. Los aspirantes pueden optar por otros conocimientos técnicos y legales previstos en la normativa vigente de ENACOM.






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